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Cadaqués

Viaje a la cuna de Dalí

Zapatillas de esparto para ir a las bodas, collares que habíamos hecho nosotros mismos con conchas recogidas en la playa, una tela balinesa anudada a las caderas, cestos convertidos en bolsos de noche, pantalones indios de seda, camisetas lavadas con lejía, adelfas en el pelo y cintas de colores anudadas a los tobillos, el estilo Cadaqués sigue viviendo cincuenta años después de que un grupo de jóvenes airados, artistas y bohemios de familias bien, franceses y españoles, se instalaran a la sombra de Dalí y se dejaran invadir por la magia de las noches de luna llena.

Este pequeño pueblo casi inaccesible ejerce un magnetismo especial sobre todos los que lo visitan. Sus calles blancas que reverberan deslumbrantes cuando sopla la tramontana y el azul turquesa del mar ha sido fuente de inspiración para pintores y poetas.

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Salvador Dalí, uno de los pintores más importantes del siglo XX, el padre del surrealismo, triunfaba en todo el mundo, ocupaba portadas por su genio pero también por su extravagancia, pero a él solo le preocupaba una cosa “¿lo sabrán todo esto en Cadaqués?” Cuando llegabas a su casa te recibía un enorme oso disecado cubierto de medallas, el criado anunciaba, “don Salvador ¡los hippies!” y después te preguntaba, “como aperitivo, qué prefiere, ¿hormigas o saltamontes?” En el jardín, alrededor de un pequeño estanque con nenúfares, te servían champagne Dom Perignon y pan con tomate y butifarra, y eso sigue siendo Cadaqués: sofisticación y naturalidad a partes iguales, en una palabra ¡elegancia!

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