Liébana Goñi, ritmo a todo color

Os presentamos a Liébana Goñi, una ilustradora pamplonense que abraza todas las posibilidades creativas que le proporciona su pequeña ciudad natal. Tres libros ilustrados y dos de ellos, además, escritos por ella,  innumerables exposiciones y premios llenan su portafolio. Sin olvidar lo más importante, su talento creativo.

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 ¿Quién es Liébana Goñi?

Me llamo Liébana, soy ilustradora y vivo en Pamplona, Navarra. Una vez finalizados mis estudios de Bellas Artes en la Universidad del País Vasco me especialicé en Diseño Gráfico, posteriormente me gradué en Dirección de Arte en Publicidad Interactiva en la Universidad Politécnica de Cataluña. Pero hace ya unos años que la ilustración es el camino más sincero que he encontrado para desarrollar diferentes vías expresivas y gráficas de comunicación.

Después de realizar tus estudios, ¿por qué decidiste finalmente decantarte por la ilustración?

Hace ya unos años, cuando estaba realizando el master en diseño gráfico, teníamos una asignatura únicamente de ilustración. A partir de ese momento comencé a investigar sobre distintos ilustradores y a experimentar con diferentes técnicas pero todavía no era consciente de que realmente quería dedicarme a ello. Simplemente lo disfrutaba y lo vivía, como cuando era pequeña. Al poco tiempo de terminar el Master trabajé en una película de animación y compartí largas horas con ilustradores geniales, ellos me animaron a enseñar mis trabajos en un blog, lo típico, y sin darme cuenta ya estaba “enganchada”. Entonces tomé la decisión de que quería dedicarme a la ilustración.

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¿A qué te refieres cuando hablas de esa sinceridad que encuentras en la ilustración? A diferencia de las otras especialidades artísticas que estudiaste.

La verdad es que disfruto con todas las disciplinas artísticas. Cuando estudié Bellas Artes no sabía muy bien en qué quería especializarme, todas las áreas me llamaban la atención y de hecho, hice un poco de todo, desde pintura a cerámica, escultura o fotografía, quería probarlo todo. Pero la ilustración es la que mejor ha encajado conmigo y yo con ella. Es la disciplina que me permite expresar mis ideas y emociones de una forma más natural. A día de hoy es donde más cómoda me siento. Soy un poco impulsiva, las ideas se me amontonan, y la ilustración me permite ordenar y expresar esos pensamientos y sensaciones. Supongo que por todo ello, para mi, es la más sincera.

¿Cómo definirías tu forma de crear?

Difícil pregunta… Diría que soy bastante organizada. Funciono bien con fechas de entrega (aunque muchas veces soy yo misma las que se las auto impone). Los plazos me ayudan a mantener una dinámica constante y a terminar lo que empiezo, y para mí es una forma muy efectiva de no perder el ritmo de trabajo. Pero dentro de la metodología también tengo un punto anárquico, supongo que debido a mi lado más impulsivo. Me gusta materializar lo que tengo en mente, tomo alguna anotación y casi sin darle muchas vueltas me pongo a trabajar para no cambiar demasiado la idea inicial. Por eso suelo trabajar en varios proyectos a la vez, es algo que me ayuda a mantenerme fresca.

Respecto al estilo, definirme me cuesta más. Paso por fases muy distintas, en las que normalmente me obsesiono por algún elemento ‘fetiche’ (cajas, casas, manos, escaleras, plantas, pies…) y exploro todos los caminos que me ofrece. Hasta que llega el día y cambio de tercio y así siempre (risas).

Disfruto generando imágenes aparentemente sencillas, me inspiro mucho en lo cotidiano, y las mezclo con elementos energéticos y mágicos con los que de alguna manera pongo en jaque esa serenidad. Me gusta jugar con los extremos.

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¿Cómo empiezas a pensar y a crear un encargo? 

La mayor parte de mi tiempo lo dedico a proyectos personales. Cuando es así, me gusta mucho trabajar en series, pequeños fanzines o en una única ilustración que hable más de una historia. Suelo tener claro lo que quiero contar, aunque desde el principio no sepa como voy a hacerlo. Y me dejo llevar.

Cuando se trata de un encargo es diferente, ya que tienes que cubrir una necesidad más concreta que viene del encargo de otra persona. Lo primero de todo es investigar sobre el tema, busco imágenes e información en internet que me sugieran algo o en libros de ilustración que tengo a mano. A pesar de ser un encargo, me gusta innovar y arriesgarme, dar algo más de mi, pero sin perder mi toque personal. Si el encargo va acompañado de un texto, la cosa cambia. Leo y releo lo que me han enviado, tomo anotaciones y en estos casos recurro más a bocetos para ordenar mis ideas y ajustarme a lo que me han pedido. Igual que cuando realizo álbumes ilustrados. En este caso el proceso es más largo. Hago esquemas de la maquetación junto con el texto y pequeños bocetos. Para mi esta parte es esencial, ya que me ayuda a ver todo el proyecto en su conjunto, lo reviso con sumo cuidado. Me gusta cuidar la composición en cada página, procuro que el estilo sea coherente y que visualmente mantenga el ritmo.

¿Cómo es tu espacio de trabajo, dónde te sientes más cómoda trabajando?

Me gusta trabajar en un ambiente tranquilo e íntimo y para ello el mejor sitio es mi casa. Mi zona de trabajo es una vieja mesa no muy grande donde están mis principales herramientas: el ordenador y la tableta gráfica. Suelen estar acompañados de papeles sueltos con anotaciones, un botellín de agua (fundamental), un cenicero, cuadernos, lápices y un calendario a la vista, entre otras cosas. Desde hace un par de meses, un cactus me hace compañía en mis largas jornadas. Este oficio es bastante solitario, así que no está nada mal tener un ser vivo cerca de mi (risas). Y no me puedo olvidar de la música, ¡es imprescindible! Me ayuda a concentrarme, me motiva y a veces me viene bien para liberar tensiones e incluso, si me arranco a bailar, para estirar las piernas (risas).

¿Qué es lo que más te inspira? Tanto para tu día a día cómo para tu trabajo.

Estoy en un momento muy mono-focal, y casi todo lo termino relacionando con la ilustración. Me inspira una canción, el reflejo de un cristal, una conversación a la que no he sido invitada, el color de un jersey, una frase, una palabra… Me gusta la egiptología, los misterios sin resolver, los fenómenos meteorológicos… Pero normalmente encuentro la inspiración en cosas sencillas del día a día y en la relación con los demás. Intento vivir el momento.

La mayoría de ilustradores residen en ciudades como Madrid y Barcelona, ¿cómo es ser ilustradora en Pamplona? ¿De qué forma afecta este hecho a tu proceso creativo?

Vivo muy a gusto en Pamplona, lo tiene todo en su justa medida. Es una ciudad tranquila y cómoda, rodeada de naturaleza. Me ofrece estabilidad y el poder estar cerca de los míos. Para mi eso es muy importante. A ocasiones me he planteado ir a una ciudad más grande como Madrid o Barcelona, puede que ahí me fuera mejor profesionalmente, pero quién sabe. Creo que me perdería en sus calles y con sus gentes, e encantan las ciudades grandes, pero para estancias cortas (risas). Profesionalmente, Pamplona no es una ciudad que parezca estar en el mapa, quizás debería actualizarse un poco, al menos en el ámbito cultural. En los últimos años han surgido movimientos interesantes relacionados con la auto-edición (Festival PUMPK, Auto-Edit…) que ayudan a dar voz y visibilidad a las muchas inquietudes que hay en esta ciudad. Iruña-Pamplona, pequeña pero matona. La autoedición es un campo que me encanta desde hace años. Siempre que puedo participo en actividades de manera individual (creación de fanzines, exposiciones, ferias…) o como integrante del colectivo Y Peluda junto a las ilustradoras Aizpea Lasa Villa y Clara López. La verdad es que trabajar en Pamplona no me hace ser menos activa, todo lo contrario, me obliga a hacer un esfuerzo mayor en dar a conocer mi trabajo. Internet y las redes sociales juegan un papel importante para mi. Me permite estar al día y mantener contacto con compañeros de todo el mundo, conocer sus obras, compartir experiencias y auto promocionarme. Gracias a esta actividad, a día de hoy, puedo afirmar que todos los encargos que me han llegado provienen de fuera de Pamplona. Aunque también ofrece una cara menos amable: la auto-promoción requiere un esfuerzo diario y resta tiempo a la creación pura y dura. Pero lo acepto como parte de mi trabajo. Es lo que hay.

¿Crees que en España se le da la importancia que se merece a vuestra voz o la forma en que comunicáis vuestras ideas?

En general creo que todos tenemos mucho que aprender y que todos podemos aportar un poco más. Lamentablemente la cultura y el arte no parecen estar dentro de nuestras prioridades como sociedad. Quien se dedica a algo relacionado con el arte alguna vez ha oído una frase tipo: ‘‘ pues ya me regalarás un cuadro para mi nueva casa, ¿no? Como te encanta dibujar…” A priori puede parecer una tontería, pero es bastante sintomático.

Puede que como creadores también tengamos parte de responsabilidad a la hora de exigir un cambio de mentalidad que nos ayude a valorar más lo que hacemos. Los primeros que tenemos que respetar nuestro trabajo y hacerlo valer somos nosotros mismos. Pero bueno, no todo va a ser malo, sigue existiendo gente con ganas de luchar y sacar adelante sus proyectos y eso me da esperanza ( aunque vayan con una mano delante y otra detrás).

Acabamos de empezar un nuevo año, ¿cuáles son tus propósitos para 2017? 

Ahora mismo estoy trabajando en varios proyectos, muchos por necesidad personal y otros tantos pensando en progresar como profesional de la ilustración. Quiero publicar otro cuento (estoy con varias ideas interesantes en la cabeza, pero todavía no me he decidido por ninguna). Seguiré investigando en nuevas formulas de autoedición, porque tengo un par de materiales realmente curiosos y los quiero poner a funcionar. A ver que sale. Me gustaría viajar un montón y empaparme de todo lo que pueda. Y luego lo normal: salud, dinero y amor (risas).

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