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Maria Herreros, libertad de ser a cada detalle

Hablamos con María Herreros y conocemos en profundidad su arte y sus recuerdos, ¿y qué encontramos? sabiduría y creatividad por doquier. Desde siempre la pequeña Mariasso (así firmaba sus primeros dibujos) tenía claro que quería dedicarse al arte, crear de forma distinta a los demás fiel a su realidad más personal e imaginativa.

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Antes de todo, háblanos un poco de ti.

Siempre supe que quería estudiar Bellas Artes, lo que más me gustaba hacer de pequeña era dibujar, pero entonces no sabía lo que era la ilustración. Yo decía que de mayor quería ser Mariasso, (una mezcla de María y Picasso) y así firmaba mis dibujos por entonces. Ya estudiando arte, era de las que tenía facilidad para dibujar bastante fiel a la realidad, pero eso no me acababa de ineresar.  Me he dado cuenta de que en mis años de universidad, aprendí más bien una forma de ser y de tomarme las cosas muy diferente a lo que hacia antes; estar abierta al mundo e interesarme por lo que se hacía (ya fuera en cuanto a técnica o habilidades). Pero no fue hasta un postgrado de ilustración cuando descubrí cómo se llamaba lo que realmente quería hacer, y que sí, podía dedicarme a ello profesionalmente.

Antes de estudiar arte, tenía más vida y salía mucho con mis amigos, después, me esforcé tanto por trabajar de esto, que casi no hacía nada más que concentrarme en ello. Siempre he dejado que mi trabajo me definiera y aunque sigue formando parte inseparable de mi persona, me esfuerzo por crear una vida aparte. Me gusta mucho la vida familiar, estar con mi pareja, mis perros, viajar… y soy voluntaria en una residencia y en una  biblioteca.

¿Qué otras cosas dicen mucho de ti? ¿Qué es lo que más te gusta?, más allá de tu trabajo y lo que nos has contado.

Los minerales, la playa, un tinto con queso curado, la astronomía, el terciopelo negro, el color turquesa, películas muy fotográficas como las de Kubrick, el aceite de tiaré, ver “keeping Up with the Kardashians”, el Rap, la moda vintage, Bob Dylan, la década de los 70, y el humanismo y la primatología.

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 Tienes una paleta de colores muy bonita y marcada, ¿cómo fue encontrar aquellos tonos y colores que más te identifican?

Fue a partir de los primeros dibujos que recuerdo, una especie de cómic llamado ”Sissi” de los años 50 que alguien había comprado a mi madre cuando ella era pequeña. En sus páginas amarillentas y algo carcomidas habían fotografías en blanco y negro posteriormente coloreadas en todos pastel con composiciones muy sencillas. Me marcaron mucho y creo que subconscientemente ha ido rigiendo mi paleta, formato y estética.

 Para referirse a la forma en que un ilustrador utiliza colores y formas, ¿crees que se puede hablar más de estética o de estilo?

 La estética comprende sólo aspectos visuales. A mí me gusta hablar más de estilo porque significa mucho más: engloba mi estética, mis temas, mi manera de abordar un personaje, la empatía que le pongas, tu visión personal de artista… en definitiva la forma en la que comunicas. Por eso alguien puede imitar la estética de otro pero no su estilo.

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Ilustras con acuarela y lápiz, una forma inusual de mezclar técnicas, ¿cómo llegaste a ella? ¿Con qué otras técnicas te sientes cómoda creando?

Mi técnica es algo inusual porque utilizo acuarela de manera muy personal. Yo no hago transparencias ni sutilezas con la acuarela, uso el color plano, apagado y un poco sucio. Siempre con un punto nostálgico supongo.  Para llegar a este punto, se trata de practicar mucho hasta que haces tuyas las herramientas de las que dispones. Me siento también muy cómoda con la tinta china cuando busco fuerza en mis dibujos. Y la pintura (óleo o acrílico) tiene algo que me hace estar horas pintando y pintando sin darme cuenta.

Dibujas mayormente a mujeres, algunas de ellas conocidas pero, si tuvieras que describir a tu musa anónima como un personaje de una novela, ¿cómo sería?

Mi musa anónima sería una mujer de treinta años que tiene una segunda adolescencia, porque cuando tuvo la real, quince años atrás, no estaba preparada para ese punto de inflexión y no quería ser cómo le decían que tenía que ser una mujer. Se vestía de negro, llevaba botas, escondía su pelo y era un poco “emo”. Ahora, con treinta años, vive otra nueva etapa, y esta vez ya no le importa lo que se espera de ella, así que de repente le apetece rodeaste de rosa, adornos y  chorradas que negó tener a los quince. Ahora ya sabe que puede ser cómo quiera, independientemente de su aspecto y de su género.

¿Hay algo de ti en esa musa anónima de la que hablamos?

Pues sí, tiene mucho de mi. Cuando era una adolescente pensaba que era un bicho raro, que estaba pasando una fase extraña. Pero afortunadamente otras mujeres me han contado que les ha pasado exactamente lo mismo y ahora sé que es algo de lo que quiero hablar a los demás en un libro, una exposición… todavía no lo sé.

Cuando trabajas en un retrato, ¿qué es aquello en lo que más te fijas o a lo que más te gusta dedicarle tiempo?

Me gusta fijarme en las imperfecciones y en pequeños detalles. Y sí, más que en los ojos, me entretengo retratando la mirada, la forma no me dice nada pero en el gesto se puede leer muchas cosas. Retratar es algo que me fascina, me valgo de la empatía para tratar de leer las emociones de la persona y reflejarlas lo más transparente posible en el papel o en el lienzo. Nada es casual y cada decisión, desde la gama, la composición, o el formato, tiene un porqué que acaba ayudándome a reflejar a esa persona mucho más que simplemente por su anatomía o formas. Pero no todo son decisiones conscientes, la intuición es vital y sale, una vez más, de tu capacidad para la empatía.

 Has publicado tres libros, pero ya tenías experiencia en el mundo editorial con la publicación de Fanzines.

Gracias a los Fanzines ves que hay alguien más, aparte de ti, a la que le gustan los mismos temas que tú y con la que compartes casi la misma sensibilidad e ideas. Simplemente lo captan. Trabajar en ellos te aporta mucha libertad, pero es algo con lo que no esperas vender nada (al menos yo no lo hacía). La primera vez, sólo edité diez números del fanzine, necesitaba mucho tiempo, ya que los hacía cosidos a mano, textos escritos a lápiz, sobres ilustrados… Ya no dispongo del tiempo suficiente para hacerlo así y no quiero que se convierta en algo muy industrial.

¿Cómo es trabajar en tu propio libro? ¿Qué nos podrías contar de tu aprendizaje en el mundo editorial?

Tengo la suerte de haber trabajado en mi último libro, ‘’Marilyn tenía once dedos en los pies’’ (Lunwerg editores) haciendo 100% lo que quería. He tenido el respaldo de un gran equipo editorial que han apoyado y entendido el libro desde el principio y eso hace sentir muy privilegiada. El libro es totalmente yo, con historias que desde hace años me fascinan y con una libertad de esquema que incluso me ha alentado de una forma muy positiva. Trabajar en tu propio libro es algo muy gratificante y a su vez muy agotador, pero vale muchísimo la pena.

Para hacer un libro, tiene que interesarte mucho el tema que trates y estar muy convencido de lo que quieres transmitir porque son muchos meses y puedes acabar harto de investigar, ilustrar y escribir sobre lo mismo y eso, naturalmente, no puede ocurrir. Para evitarlo, siempre tengo tres o cuatro ideas que me rondan por la cabeza como satélites, luego dejo pasar un tiempo y algunas se esfuman, o permanecen y me van haciendo pequeños toques de atención hasta que llega un día en que la intuición me dice muy claramente que una de ellas es el camino a seguir. Es cómo un acto de fe en ti mismo.

¿Qué te traes entre manos?

Haré una exposición personal en Valencia en la galería Pepita Lumier el 3 de marzo en la que llevo tiempo trabajando y en la que exploro el concepto ”crisis de identidad”. Además, próximamente participaré en exposiciones colectivas en Pekín, Los Ángeles, Madrid y Australia. También estoy haciendo una serie de retratos extraídos de un viaje que hice este año a Nepal para el libro de la fotógrafa Noemí Elías, una colección cápsula que saldrá próximamente.

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