Pau Sanz, no hay arte sin línea

La pintura, escritura y escultura son las tres modalidades artísticas con las que Pau Sanz desarrolla y expresa lo que lleva dentro. Obsesiones e intereses plasmados con líneas que forman palabras, y líneas que forman dibujos.

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Empezaste Bellas Artes con gusto por escribir, ¿de dónde vienen ambas pasiones?

En el caso de la pintura me cuesta marcar un momento en que lo convertí mi pasión, porque lo recuerdo como algo que me ha acompañado siempre, tengo obras en casa que he pintado al largo de mi vida. Supongo que esa parte de mí es algo que llegó siendo muy pequeño, en cambio, me empecé a interesar por la escritura y la lectura en la adolescencia, leía mucho, especialmente poesía. Me gustaban poetas como Lorca o Ginsberg y de tanto leerlos comencé a sentir la necesidad de escribir por puro placer, aunque también me presentaba a concursos, e incluso gané alguno. Posteriormente, al estudiar Bellas Artes, lo visual ganó mucho espacio en mi vida dejando un poco de lado la escritura. Ahora la he retomado.

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El amor es un tema al que recurres bastante, ¿qué es lo que te atrae de él?

Actualmente es más bien en pasado, recurría a él. Es cierto que mis dos primeros libros, al igual que algunos fanzines y cuentos, trataron sobre amor, pero en mi último libro no es el caso. Durante esa etapa, tampoco me atrevería a decir que me interesaba el amor en general, sino más bien indagar en las relaciones de amor entre tres personas. Esto sucedió porque fui descubriendo varias películas, libros e historias reales y me di cuenta que las relaciones ficticias como pueden ser la de los libros o las películas, no tenían nada que ver con relaciones reales, por ejemplo, en el cine se mostraba algo muy pasional o sexual donde el amor era realmente algo secundario y se hablaba más de una atracción que de amor. En cambio, cuando me fijaba en los casos reales de triejas lo que podía observar era algo completamente diferente, una conexión y compenetración máxima entre tres personas que saben lo que piensan en cada momento, un hecho que solo me atrevería a comparar con el sentimiento que debía existir en tribus antiguas o, en la actualidad, en familias muy unidas. Y de eso hablé en mis libros “Triamor” y “Los novios de Gael”, mi punto de vista sobre el amor en su máxima expresión.

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¿Qué discurso hay detrás de tu obra?

Mi obra habla sobre las obsesiones, y yo intento cuidarla desde la temática hasta la estética. Llevo casi cinco años pintando con los mismos tres colores de forma completamente obsesiva. Es cierto que en ocasiones me planto ante el lienzo y pienso “si pinto esto de verde funcionará mejor y será entendido por más gente” pero siempre hay algo en mí que quiere seguir pintando con esos tres colores, como si fuese un esclavo de mi propio estilo. Es como una falta de libertad intencionada, o eso quiero creer, que me hace sentir una conexión mayor con mi trabajo y un sufrimiento que me hace feliz, son contradicciones que ni yo mismo entiendo, pero las siento.

Los temas que trato en mis obras también es aquello que lleva años obsesionándome: los animales, la naturaleza, la muerte o las personas que me rodean entre muchas otras cosas más pasajeras.

¿Crees que el color es el aspecto que más la eclipsa?

Absolutamente, creo que es lo primero que llama la atención y por tanto, aquello con lo que se me relaciona. Y me gusta, porque realmente es así y forma parte del discurso que trabajo en mi obra, aunque me encantaría que todas las personas que la observan se sientan animadas a ver que hay algo más allá de la estética en mis trabajos, algo que solo  se puede comprender cuando ves la totalidad de mi obra y la conexión que existe entre ellas a pesar del paso del tiempo.

Debe ser genial escribir y a al vez ilustrar tu propia obra, pero supone una autogestión importante, ¿qué pesa más?

Sí, crear un libro que puedas considerar tuyo al cien por cien es algo fantástico porque tienes la oportunidad de trabajarlo a nivel visual y contenido a partes iguales. Personalmente, siempre me pesa más el hecho de que lo visual sea adecuado según mi criterio, porque me considero artista visual y para mí es primordial crear un libro que funcione bien en este aspecto. Muchas veces observo que las críticas literarias se centran más en el texto y rara vez hablan o tienen algún interés por lo visual, más allá de “me gusta” o “no me gusta”. Obviamente hay excepciones, pero es algo que aún tiene que avanzar.  Afortunadamente, el público sí que ha alcanzado ese punto de disfrute a partes iguales y entienden que los dibujos tienen tanto peso como el texto, que ambos se pueden leer de la misma forma.

Las letras no son más que líneas dibujadas, por mucho que se pretenda entender de un modo más racional. Todo el libro en su conjunto, es un trabajo de ilustración, de dibujo y de pintura. Desde mi punto de vista, ahí está la base para una buena crítica de este tipo de libros.

¿Cómo de diferente es el proceso creativo cuando escribes el libro a cuando lo ilustras? 

El proceso es exactamente el mismo, no veo ninguna diferencia entre escribir y dibujar, tienen el mismo peso en mi trabajo.

ningún caso lo trataré como una novela tradicional porque no creo pertenecer al mismo colectivo que un escritor a pesar de compartir ciertos aspectos durante la creación.

Un buen día para desparecer, de la editorial Lunwerg, es tu última publicación y es el primer libro en el que no hablas de amor, ¿qué ha supuesto este cambio para ti? ¿Cómo ha sido trabajar en esta nueva publicación?

Este libro ha sido algo realmente especial, trabajar con Lunwerg fue muy gratificante y estoy realmente contento con el resultado. Son doscientas páginas dibujadas y pintadas a mano, una a una, y reproducidas exactamente igual que los originales. En ellas se puede observar cada pincelada y cada trazo a la perfección, y eso como autor es algo emocionante. Tardé siete meses en acabar el libro y trata tanto de aquellos temas que me preocupan y obsesionan, que puedo considerarlo una parte de mí. Habla de la extinción de los animales, de la falsedad de las personas, del bien y el mal, los días buenos y los malos, sobre cómo la historia nos ha afectados a nosotros y al arte, sobre las relaciones humanas y la fantasía. Y especialmente sobre la imaginación como camino único hacia la felicidad.

A pesar de que hay libros que, aparentemente, todos debemos considerar como buenos porque nos lo dicta el saber común, yo no lo comparto. Por lo general creo que cada libro está hecho para un grupo de personas diferente, ya que todo depende de nuestras necesidades, todas las personas que comparten mi visión del mundo, la han visto también en ”Un buen día para desaparecer”, y han disfrutado tanto su lectura como yo creándolo, y eso es algo maravilloso.

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Ilustraste la carroza de Barbanarama del último desfile Word Pride de Madrid, ¿cómo has vivido el proyecto? 

Este World Pride era la segunda vez que hacía la carroza para Barbanarama, la anterior fue en el Orgullo 2016. Es algo que me encanta porque es un establecimiento que apuesta mucho por mi trabajo y que se siente identificado con mi obra. Fusionarnos para estar en un día tan importante para todos, en una fiesta que celebra los derechos humanos, es fantástico. Me hace mucha ilusión que mis dibujos estén en ese lugar y en ese momento, con toda la gente divirtiéndose y riéndose porque pueden y porque son libres, porque la lucha ha valido la pena.

¿En qué nuevos proyectos estás trabajando?

Actualmente acaba de salir una colección de productos que con TanTanFan (camisetas, láminas, tarjetas, etcétera) que están disponibles en su web, es un nuevo colectivo que me encanta y no me canso de recomendar su visita. Por otra parte, estoy trabajando en varios proyectos de diferentes sectores que irán saliendo a lo largo del año. Me gustaría preparar una exposición individual y ya tengo varios temas en mente, pero todo dependerá del tiempo que tenga para trabajar en ellos.

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